Pese a todo, la eficiencia del equipo Landi Renzo se combina en el Polo con la del archiconocido motor 1.6 de 93 CV para entregar buenas prestaciones y consumos. Con GNC el funcionamiento es suave, regula bien –tiene control electrónico de ralentí– y el nivel sonoro es similar al emitido al funcionar con nafta. Lo único criticable es una caída de revoluciones muy lenta.
Las prestaciones son destacables. Alcanzó con GNC una máxima de 160,8 km/h frente a los 173,6 a nafta y aceleró de 0 a 100 km/h en 16,37 segundos en lugar de los 13,30 con el combustible convencional, una diferencia que no está nada mal sobre todo si tenemos en cuenta que en la mayoría de los casos, el usuario que opta por el GNC no busca prestaciones vertiginosas.
El motor 1.6 del Polo es económico en todas las condiciones de uso, y es aquí en donde le juegan a favor las largas relaciones de caja. El tanque de 54 litros le confiere una buena autonomía en ruta hasta los 120 km/h reales. En ciudad, manejando con dulzura e inteligencia, llega a nada despreciables 142 km de autonomía.
Las suspensiones están más mullidas que en versiones anteriores, por lo que se han acentuado las inclinaciones en curvas pero mejoró el confort de marcha. La habitabilidad en las plazas traseras sigue siendo limitada y en esta versión Format base el mínimo equipamiento de serie, aunque la opción GNC también está disponible en las versiones Comfortline y Trendline siempre con motor 1.6.