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| Entrevistas de Juan Román Riquelme |
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Entrevista a Juan Román Riquelme (El Periódico Mediterráneo)
La cara más humana de Román
Maradona dijo de él que era uno de los pocos futbolistas preparados para heredar el 10 de Boca. No hay ningún argentino, aunque sea de River, que no admire su talento. La imagen que ofrece Román siempre miente a primera vista. Uno espera que su personalidad se ajuste al estereotipo no escrito, pero aceptado mayoritariamente, que identifica a las estrellas del fútbol con niños mimados y engreídos, a los que la vida se lo ha puesto todo fácil. Primera mentira de la imagen.
Su andar cansino, su aspecto tímido y frío en el primer contacto parecen esconder a un tipo insociable. Segunda mentira. El tercer engaño de la fachada exterior de Román es su apariencia tranquila y su aire de chico despistado y ausente del mundo.
Del Román futbolista poco hay que descubrir, aunque él aún se siente en deuda con la afición del Villarreal. El Román persona es todavía una incógnita que tras cerca de una hora de conversación con Mediterráneo lo es ya mucho menos. No puso impedimento en abrir las puertas de su mente y dejó entrever que es un chico humilde, sencillo, observador, despierto, al que le cuesta estar un segundo quieto. Familiar y cariñoso, abierto a sus amigos y un hombre que se deja querer. Su mayor ambición es ser feliz, tanto jugando al fútbol como con su familia. Román está enamorado de ambas cosas.
-- Román, ¿cómo es un día normal en su vida aquí?
-- Gracias a Dios se me ha hecho fácil estar bien. Tengo la suerte de que mi familia se adapta rápido. Las nenas están muy felices en el colegio; y mi mujer y yo estamos con el otro nene, que tiene un año y tres meses. Además, siempre que somos varios argentinos nos juntamos para comer. La gente me demuestra cariño, así que no tengo motivo para estar mal.
-- Una persona como usted, acostumbrada a residir en una capital como Buenos Aires, a vivir con el acoso de la gente de Boca; y pasar a Castellón, poder ir a una pizzería, a un restaurante, a tomar un café... con tranquilidad, será una sensación bastante diferente...
-- Sí, pero, al mismo tiempo, es lindo. En Buenos Aires, los hinchas, sin darse cuenta, se te tiran encima, viven el fútbol muy adentro. La afición de Boca me trata demasiado bien. Acá, la gente se está interesando cada vez más con el Villarreal. Sabemos que tenemos que hacer las cosas bien para que cada vez se emocionen más con el equipo y que cada día nos molesten más en la calle. Ojalá.
-- Todo tiene su parte buena y su parte mala: ir a ver un partido del Boca es un espectáculo, pero aquí la gente es más fría...
-- Allá hay que pensar que, detrás de los arcos, no hay para sentarse. La gente lo mira parado y está muy junta y empiezan a cantar. Acá, como todos están sentados, es un poco diferente, pero se festejan igual los goles, se insulta al árbitro...
Entrevista Juan Román Riquelme (El Clarín)
"No me siento un ídolo"
Es tímido, pero anda sin representantes. Se define como un pibe de barrio y familiero. Confiesa que lloró despues del parto de cada hijo. Y que para vivir, elige Argentina.
Ir a comer a un restaurante con Juan Román Riquelme es fuerte y a la vez extraño. El llega puntual, pero prefiere esperarme afuera."Hay mucha gente", me dice cuando llego. Primer dato: Román es tímido. Y la gente, en cuanto lo ve, se acerca para felicitarlo, saludarlo, conocerlo. Sorpresa: Román es tímido, pero vino solo. Sin asistentes, sin representante, sin entorno. Y en cuanto entra en confianza, la timidez deja lugar a un tipo accesible, divertido y tierno.
Desde muy jovencito tuviste que tomar decisiones importantes: dónde vivir, en qué equipo estar, hablar de millones (sabés que movés millones). ¿Cómo hacés para llevar una vida normal?
No tengo representantes, sino amigos que me hacen las cosas muy fáciles. Me preguntan qué quiero y tratan de solucionarlo lo más rápido posible. Confío mucho en ellos y eso para mí es un alivio muy grande. Soy Riquelme cuando voy a entrenar o cuando estoy en el club. Pero tengo la fortuna de que cuando llego a Buenos Aires, a mi barrio, que es Don Torcuato, me siguen tratando como cuando era chico. Entonces me acomodo y vuelvo a vivir la vida que siempre viví.
¿Te rodean los de toda la vida?
Sí, mis amigos de toda la vida. Los tengo desde que nací, los veo todos los días. No me tratan como a un futbolista que entrena en Casa Amarilla, sino como a una persona normal, y me río mucho con ellos. Ellos viven de su trabajo, no les sobra la plata. Y eso a mí me ayuda mucho porque me hace ver la realidad.
¿Mate y asado con los amigos?
Sí, mate todo el día y asado muy seguido.
A los ídolos se les acerca gente muy variada. ¿Cómo hacés para distinguir a los que se acercan por interés?
(Risas) No me siento un ídolo. La gente me demuestra mucho cariño. Eso va a ser lo más lindo que me lleve del fútbol. En mi trabajo he hecho amigos también. Es verdad que hay gente que ahora se me acerca para invitarme a un lugar o llevarme a otro. Pero se les hace difícil conmigo porque sacarme de Don Torcuato es complicado.
Hoy los deportistas son glamorosos. Que las mujeres gusten de vos, ¿te halaga o te complica?
Todavía no me enteré de que alguna chica guste de mí (risas). Me siento muy feliz con lo que me toca. Lo que trato es de jugar al fútbol lo mejor que puedo y no hago otra cosa. Es verdad que hoy en día a los deportistas se les presta más atención que antes. Se habla de la vida privada, que antes no pasaba.
Eso es incómodo.
Hay programas que viven hablando de la vida privada de uno. Todos cometemos errores y a veces habría que fijarse lo que se comenta. Hay mujeres a las que les gusta estar con gente que sale todo el tiempo en la tele o que es reconocido. Pero yo solamente quiero que mis hijos me quieran mucho.
¿Ellos son los amores de tu vida?
Sí, mis tres nenes son todo para mí. Intento ser un padre bueno y que ellos estén felices del papá que les tocó.
¿Dónde van a vivir definitivamente?
En Argentina. Mi esposa tuvo que viajar de Europa para acá dos o tres meses antes de cada nacimiento para que fueran argentinos.
¿Cómo te definís? ¿Cómo sos?
Trato de disfutar al máximo y de no hacerle mal a nadie ni molestar a nadie. Me ha tocado estar mucho tiempo afuera. Ahora quiero ver a mis nueve hermanos, ver cómo van creciendo.
Sos tímido.
Sí. Soy como mi mamá, de guardarme cosas adentro y me cuesta demostrar cuándo ando bien o mal. Trato de estar siempre lo mejor posible porque no quiero que mis hermanos se preocupen. Tengo una responsabilidad al ser el mayor.
¿Después del secuestro de tu hermano cambiaron los hábitos? ¿Perdiste el miedo?
Mi mamá ya no vive en Don Torcuato. Ahora vive con mis hermanos en un barrio cerrado en Pilar. Pero el miedo nunca se pierde.
¿Tenés defectos?
Un montón. A veces me cuesta olvidar algunas cosas.
Eso se llama ser rencoroso.
No sé si soy rencoroso. Pero hay cosas que me hicieron muy mal, que me cuesta olvidar.
¿Sabés pedir perdón?
Cada día pido perdón. Si me equivoqué, trato de pedir perdón 80 veces para que se den cuenta de que no lo hice con mala intención. En la cancha hablo todo el tiempo, insulto. Así como los hinchas dicen que el domingo les sirve para largar todo lo que tienen acumulado, a mí me pasa lo mismo. El domingo estoy 90 minutos hablando, insultando, diciéndole cosas a mis compañeros. Después del partido les tengo que pedir perdón a todos.
¿Y te perdonan?
Sí, porque saben que no lo hago con maldad.
¿Dónde están las mujeres más lindas, vos que estuviste en Italia, en España?
Acá. Creo que tenemos el país más lindo también.
¿Qué extrañás más cuando estás afuera?
Todo. Cuando me tocó irme del país me dijeron que los primeros meses iban a ser difíciles, pero que después no iba a querer volver. Fue todo lo contrario. Cada vez extrañaba más, y cuando venía de vacaciones, después no me quería ir, me iba llorando y me dolía.
¿A vos qué te hace llorar?
Un montón de cosas. La gente que me saluda piensa que está al lado de alguien que no es normal. Y a mí eso me pone nervioso. Yo siento igual que todos.
Hay hombres que no lloran...
Yo, si tengo que llorar, lloro.
¿Cuándo fue la última vez?
Cuando quedamos fuera del Mundial de Alemania, y cuando nació mi último hijo.
¿Vas a los partos?
Sí.
¿Y llorás?
Después. Porque cuando estoy ahí no quiero que mi señora me vea mal, salgo y ahí me pongo a llorar.
Es muy fuerte el después del nacimiento, es un alivio.
Impresionante, impresionante.
¿Cuántos años tiene tu mamá?
Cuarenta y cuatro.
Renunciaste a la selección por comentarios sobre tu desempeño que hacían sufrir a tu mamá. ¿Cómo es tu relación con ella?
Mi mamá es mi amiga. Es todo. Hace enojar a mis hermanos porque dice que como soy el primero, soy su preferido. Tengo una buena madre. En algunas cosas salí a ella. Es difícil verla mal.
¿Le pedís consejos?
Sí, con mi mamá hablo todo.
¿Te gustaría tener más chicos?
Sí, siempre pienso que voy a tener muchos hijos. Me acostumbré a que seamos muchos.
¿Le hacés regalos a tu mamá?
Sí, pero mi mamá es de la que les hacés regalos y los guarda, no los usa nunca. Se los muestra a mis hermanos, a sus amigas, y los guarda. Lo mismo hace con todos los regalos de sus otros hijos: los regalos para ella son como tesoros.
¿Cambiás pañales? ¿Te ocupás de tus hijos?
Sí. Me gusta cambiarle los pañales a mis hijos. Al ser el mayor, tenía que hacer muchas cosas. Siempre que puedo voy a buscarlos al colegio. Siempre salen felices. Me gusta cuando vuelven a casa y toman la leche. Ese momento es de los más lindos que tengo en el día.
¿Qué te enamoró de tu mujer?
Estamos juntos desde los 15 ó 16 años. La pasamos bien. Estamos felices. Es la madre de mis hijos. Los tres nenes que tengo son lo más hermoso que me pasó en la vida e intentaré devolverle la felicidad que ella me dio en cada momento. Ella cumple el 20 de junio y yo el 24. Y me caga a pe dos (risas). Dice que tengo que respetarla porque es cuatro días más grande.
¿Es una responsabilidad que te quieran tanto los hinchas y que confíen en vos?
Para mí está bueno. Cuando digo algo, la gente se da cuenta de que no miento. Así duermo y vivo tranquilo.
Pero sos un pibe de 28 años. Uno a veces tiene ganas de zafar de algunas obligaciones.
A veces quisiera hacer otras cosas pero no sé si no me animo o qué me pasa.
¿Por ejemplo?
(Piensa). Mis amigos van a bailar y yo no. Fui dos o tres veces. Quisiera divertirme como una persona normal, que anda por donde quiere y nadie lo mira. Me divierto mirando lo que hacen ellos. Y a los diez minutos se me acerca gente que me incomoda y me voy. No sé, por ahí es que no me animo. Pero soy feliz con la vida que tengo.
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